Bienvenidos

Estimadas familias, os damos la bienvenida al curso 2016/17.

Mañana día 7 de septiembre a las 10:00h recibiremos a los alumnos de nueva incorporación al colegio.

Durante una hora, las familias conocerán al equipo educativo y proyecto pedagógico y los alumnos explorarán los espacios y disfrutarán de los juegos que sus profes les han preparado.

Al resto de alumnos los esperamos el día 8 de septiembre en el horario habitual.

Un saludo

Ana Iglesias


Educación del Futuro: ¿Cómo Preparar a los Jóvenes para lo que Viene?

educación del futuroEn un mundo globalizado y conectado donde la tecnología cada vez es más eficiente y necesaria, la pregunta que se nos viene a la cabeza es: ¿Estamos preparando a nuestros jóvenes para el futuro?

En esta educación del futuro o educación para el futuro, no solo debemos proporcionar el conocimiento necesario sino que debemos reestructurar el actual modelo de educación y entender las competencias y características que deben ser estimuladas y enseñadas para los trabajos del futuro. A continuación, os dejamos nuestra aportación.

7 Competencias para la Educación del Futuro

#1 Actitud

La ambición puede incrementar notablemente las oportunidades de muchos jóvenes. De hecho, muchos empresarios priorizan la actitud a la hora de elegir candidatos y, solo después, analizan la formación y experiencia. La voluntad de aprender, el interés y el compromiso son características que se destacan y que aseguran que el candidato es capaz de cumplir con sus objetivos, sin importar las circunstancias.

#2 Valores

Todo el mundo puede conseguir diplomas (con más o menos esfuerzo) pero una de las características más valiosas para un candidato no se enseña en la escuela: los valores. Los valores personales pueden marcar la diferencia en un grupo de trabajo o en toda una empresa así como influir en la forma en la que las decisiones son tomadas. Sin duda, algo muy a tener en cuenta.

#3 Vocación

La gran mayoría de los jóvenes no tiene nada claro a qué se quiere dedicar profesionalmente. De hecho, son muchos los que se ven desafiados a escoger una carrera y, posteriormente, entrar en el mercado laboral sin una noción real de sus funciones, con la esperanza de que la experiencia les clarifique su vocación.

¿No sería mucho más fácil explorar esto de antemano? Enseñar a los jóvenes a reflexionar sobre su papel en la sociedad y su camino les ayudará a adquirir mayor autonomía y confianza para buscar su sitio en el mercado de trabajo.

educación del futuro - qué carrera estudiar

#4 Habilidades

Posicionarse en el mercado de trabajo no solo es cuestión de formación académica. Muchas veces son aún más importantes otras habilidades complementarias, también conocidas como competencias transversales. Algunos ejemplos destacados son la comunicación interpersonal, las habilidades de negociación, la capacidad de presentar ideas de forma clara, etc.

Este tipo de habilidades deben ser estimuladas a lo largo de la vida académica del estudiante para que luego puedan convertirse en una ventaja competitiva a su favor.

#5 Experiencia

Este punto puede generar un poco de discusión ya que con tener experiencia no nos referimos a haber trabajo en otra empresa sino más bien a actividades pasadas que puedan ser transferidas a la situación actual. Actividades extraescolares, programas de entrenamiento, asociaciones, grupos, blogs… todo esto son formas de adquirir conocimiento y experiencia y deben ser fomentadas.

#6 Curiosidad

Estimular la búsqueda del conocimiento e involucrar a los jóvenes en cosas nuevas de manera regular hará despertar su interés en determinadas actividades. Por otra parte, la curiosidad intelectual de los jóvenes, los conduce a estar más informados y dispuestos a crecer profesionalmente. Cuanto más inspirados y motivados, más espacio para explorar, crear e innovar.

La curiosidad se puede insertar en la escuela y la rutina académica a través de actividades no convencionales como desafíos, lecturas, presentaciones, etc. ¿Quieres saber más? Echa un vistazo a nuestro post sobre estrategias de enseñanza alternativas.

#7 Adaptación

Cambiar el contexto en el que ponemos a los jóvenes es importante. Por eso, los siguientes 4 puntos deben ser considerados:

  1. emprender educación del futuroEl mundo corporativo opera de manera diferente que la mayoría de las escuelas y universidades. Por tanto, la formación de los jóvenes requiere un cambio considerable para suavizar esta adaptación.
  2. Diferentes lugares de trabajo tienen distintas expectativas sobre comunicación, rendimiento, éxito e incluso el uso de las tecnologías.
  3. Diversidad cultural y social.
  4. Con millones de personas que entran el mercado laboral cada año, hay mucha competencia pero también muchas oportunidades por explorar.

Animar y ayudar a los jóvenes a adaptarse a diferentes entornos y desafiarlos continuamente, los convierte en personas más ingeniosas y creativas. Esto les abre un amplio abanico de posibilidades para el futuro como, por ejemplo, el emprendimiento.

https://www.examtime.com/es/blog/educacion-del-futuro/


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Salida al teatro

Mañana día 12 de abril, todos  los alumnos de Infantil asistirán a la obra de teatro “Los tres osos” que tendrá lugar  en el Pazo da Cultura en Pontevedra.

Rogamos máxima puntualidad a la hora de entrada porque  necesitamos salir del colegio a las 9:45 h.

Gracias

Los tres osos

 

 


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¿De verdad queremos que enseñen a nuestros hijos a ser felices?

A cualquier padre que se le pregunte responderá que quiere que sus hijos sean felices. Pero, ahora bien, siendo así, ¿puede y debe la felicidad ser un objetivo y cometido de la enseñanza en el aula?

A favor

Toni García Arias es profesor de instituto y autor del libro «Educación Emocional para todos». Desde su experiencia afirma que «La finalidad última de la educación es ofrecer a los menores las mejores herramientas para que de adultos puedan enfrentarse a un mundo que desconocemos y que, en principio, siempre es hostil. Dentro de estas herramientas se encuentran los conocimientos propios de las materias, las normas y los valores, pero también las habilidades emocionales básicas para enfrentarse a la vida». Añade que «Desde esta perspectiva, la escuela no solo debe crear exitosos profesionales en el ámbito laboral, sino -y sobre todo- personas exitosas en la vida». El profesor cree que «en la vida, el éxito se mide por nuestro grado de felicidad general en los distintos ámbitos; laboral, familiar, amoroso, personal, de amistad, etc. Sin embargo -contrariamente a lo que señalan los detractores de esta idea-, este logro del éxito vital, este logro de la felicidad, no significa renunciar a los valores básicos, al conocimiento de las materias o convertir la vida de los menores en un mundo ocioso y sin normas, sino que a sus aprendizajes actuales se sumen estos nuevos aprendizajes emocionales o vitales. Es importante que los alumnos sepan realizar una suma, una raíz cuadrada, o que conozcan lo que es un sujeto, o una metáfora, pero también es importante que nuestros alumnos -y futuros ciudadanos- sepan enfrentarse a la muerte de un ser querido, a establecer relaciones interpersonales equilibradas, a evitar los prejuicios sociales, a superar un “no”, o que sepan revertir su ira, su odio, su desesperación o canalizar su violencia. Todo ello, sin duda, les conducirá a un mejor conocimiento de sí mismos y, por añadidura, a un aumento considerable de su grado de felicidad».

«En este sentido, muchos profesionales piensan que los menores deben aprender a frustrarse, entendiendo ese “aprender a frustrase” como un modo de resignación. Es decir; aprender a aceptar que las cosas son así, que esto es lo que hay y que si quieres lo tomas y si no, lo dejas»—apostilla que — «sin embargo, la educación que puesta por abordar los componentes emocionales entiende que aprender a frustrarse es aprender a aumentar la tolerancia a la frustración y aprender a gestionarla para hacer de ella un uso positivo. La frustración nunca puede utilizarse como un lastre para los menores, como un etiquetado de alumnos o como un modelo de enseñanza-aprendizaje, sino -en todo caso- como un componente motivador para aprender a superarse».

Finalmente García Arias termina su disertación afirmando que «crear un mundo feliz, una escuela feliz, un individuo feliz no significa vaciarlo de contenido, sino llenarlo de significado. Y, sobre todo, de emoción. Al cerrar los ojos, todos nosotros recordamos casi exclusivamente aquellos grandes momentos de felicidad y de dolor, aquellos grandes momentos de alegría y de tristeza. Parece ilógico que, si en nuestras escuelas educamos para la vida, no tenga cabida la educación de la felicidad y de la tragedia»

En contra

Para hablar de la felicidad como objetivo de enseñanza en el colegio, el catedrático de Psicopatología y Técnicas de Intervención en la Universidad de Oviedo, Marino Pérez, hace referencia a Martin Seligman, fundador de la psicología positiva. «Este propone el siguiente acertijo: ¿Qué es lo que más quieren los padres para sus hijos? Felicidad y bienestar. ¿Qué enseñan las escuelas? Rendimiento y herramientas para el logro. Conclusión, las escuelas enseñan “el boulevard del mundo del trabajo adulto”, sin apenas rozar la felicidad, que es lo que más se quiere para los niños (Seligman et al, 2009, p. 293)». «Dejando a parte el uso demagógico del acertijo —prosigue este profesor— seguramente, al efecto de “vender” la psicología positiva también en las escuelas y sin preguntar a Seligman si no piensa que los niños van para adultos, las cuestiones que se quieren plantear aquí son otras: ¿Puede la escuela enseñar a ser felices a los niños? ¿Es cometido de la escuela enseñar la felicidad? ¿Es al felicidad un buen objetivo?».

En relación con la primera pregunta, Marino Pérez responde que «por poder, se puede enseñar, con tal de convertir la felicidad en un objetivo, con sus cuestionarios y ejercicios, como también se puede enseñar autoestima. Otra cosa es que resulte». En relación con la segunda pregunta, prosigue este docente, «se diría que no todo lo que tiene que ser aprendido puede ser enseñado. Las virtudes, los sentimientos, la libertad, la sociabilidad, la solidaridad se aprenden, y bien que necesitan para ello modelos, ejemplos, explicaciones y entornos apropiados, pero no están en la misma escala de las materias escolares como aprender a leer o aprender matemáticas o geografía. Estas importantes cosas para la vida, incluso más importantes que las matemáticas o geografía. Estas importantes cosas para la vida, incluso más importantes que las matemáticas, como la experiencia emocional y ser feliz, se aprenden y aún más se aprehenden en los contextos naturales de las relaciones interpersonales, entre ellos la vida en la escuela», afirma. Y concluye: «Pero no se enseñan entresacándolas de las situaciones en las que se dan, convertidas en objeto y materia, para reinstalarlas después en los alumnos, a no ser que se conciban con meros discursos intelectuales».

http://www.abc.es/familia/educacion/abci-verdad-queremos-ensenen-nuestros-hijos-felices-201604040327_noticia.HTML

 


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El cerebro se nutre de amor

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Los niños más felices y equilibrados son aquellos que han sido cogidos en brazos, acunados, cantados, besados y cuidados con ternura por sus padres. Eso es algo que, por intuición, ya sabíamos. Pero es que ahora, además, la neuropsicología ha conseguido demostrar que el cerebro del niño también necesita de ese amor para desarrollar todo su potencial intelectual y emocional. Álvaro Bilbao, autor de El cerebro del niño explicado a los padres, lo expresa con estas palabras: «Los padres que deseen potenciar el desarrollo cerebral de sus hijos deben ofrecerles contacto físico (abrazos, besos, caricias…) y expresarles cariño y reconocimiento con frecuencia. Que jueguen y conversen con ellos, sin prisas. Que refuercen sus comportamientos positivos y, desde luego, que les pongan límites de una manera consistente».

En definitiva, un clima de afecto y comunicación no es incompatible con el establecimiento de unas normas que orienten el comportamiento de los hijos. Según se den estas variables en mayor o en menor medida, se distinguen cuatro estilos educativos:

Padres de estilo democrático: afecto con normas.

? En la relación entre padres e hijos hay altas dosis de afecto y comunicación, y un clima estable y seguro. Son padres que delimitan con claridad cuáles son los derechos y deberes de sus hijos, de modo que saben cuáles son las normas y las consecuencias de no cumplirlas.

? Son niños independientes, curiosos, con buenas habilidades sociales y seguridad en sí mismos.

Padres controladores y autoritarios: castigo antes que diálogo.

? Son padres muy exigentes y severos, el cumplimiento de las normas es la prioridad. Hay poca demostración de cariño y afecto.

? Suelen ser niños que muestran su agresividad y frustración fuera de casa (en el colegio, por ejemplo), y que llegada la adolescencia se rebelan contra las normas impuestas.

Padres permisivos y muy afectivos: niños impulsivos y caprichosos.

? Son padres que mantienen un nivel de control bajo pero una afectividad muy alta. Dejan libertad a sus hijos para autorregular su conducta de forma natural, esperando que la madurez propia del desarrollo sea la solución para cualquier dificultad que pueda surgir.

? Pueden ser niños impulsivos, inmaduros y caprichosos.

4. Padres poco afectivos y poco controladores: el peor modelo.

? Son padres muy poco implicados en la educación de sus hijos, quizá porque hay asuntos que para ellos tienen mayor prioridad en sus vidas (el trabajo, las relaciones de pareja…) o simplemente por negligencia. Los hijos crecen sin normas y, lo que es peor, sin el apoyo afectivo necesario para su equilibrio emocional.

? Son niños inestables emocionalmente, con dificultades para interiorizar las normas, que tienden a la desobediencia. Las carencias afectivas que han sufrido en la infancia supondrá un lastre para su desarrollo personal, social e intelectual.

Decálogo del hijo feliz

La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria publicó el siguiente decálogo para conseguir una infancia feliz:

Exprésale tu amor incondicional, a cualquier edad, con palabras, sonrisas, gestos, abrazos, caricias…

Cuida de su salud y ayúdale a crecer sano desde el punto de vista físico (alimentación equilibrada, actividad física moderada, sueño suficiente, higiene…) y emocional (enseñándole a poner nombre a sus sentimientos, ayudándole a gestionar su ira, tristeza, miedo…).

Dedícale tiempo cada día. Juega y disfruta con él, sin dirigir demasiado sus gustos o preferencias. Asegúrate de que tenga suficiente tiempo de ocio y de que practique actividades al aire libre y en la naturaleza.

No te preocupes en exceso por sus necesidades materiales. El tiempo que le dediques, la educación y los valores que le transmitas serán tu mejor herencia.

Educa con cariño. Valora su esfuerzo, aunque se equivoque. Fíjate más en sus logros y habilidades que en su puntos débiles.

Ponle normas que pueda y deba cumplir: pocas, claras y adaptadas a su edad.

Fomenta su autonomía desde pequeño para las actividades cotidianas, como vestirse, lavarse o comer. No le des todo hecho. Es bueno que poco a poco vaya teniendo sus responsabilidades.

Escúchalo y dialoga con él. Muestra interés por su mundo, adáptate a los cambios normales de cada edad y acéptalo y valóralo tal y como es: único y diferente a los demás.

Déjale ser niño. No le hagas partícipe antes de tiempo de las preocupaciones de los adultos. Pero tampoco le ocultes los hechos importantes de la vida. Enséñale y ayúdale a entender que la enfermedad, el dolor o la muerte existen y forman parte de ella.

Favorece las relaciones con la familia y los amigos. Lo acompañarán a lo largo de su vida. Ayúdale a ponerse en el lugar de los otros. Aprenderá a convivir y a amar.

Escuela de padres

Tema del mes: Los vínculos afectivos

Etapa: Infancia y adolescencia

La frase: «Poner un límite a nuestros hijos es un gesto de amor al igual que lo es dar un beso» (Álvaro Bilbao).

Comportamientos que evitar: Resolverles sus problemas, evitándoles cualquier preocupación, en vez de dejarles que sean ellos mismos los que se enfrenten a los retos de la vida.

Algunas claves: Potenciar la seguridad afectiva y la autoestima de los hijos no significa que les tengamos que decir que todo lo hacen bien ni hacerles creer que son infalibles. Enseñarles a tolerar la frustración es fundamental.

Para saber más: Entrevista al neuropsicólogo Álvaro Bilbao sobre «El cerebro del niño explicado a los padres» en el programa de La 2 «La aventura del saber»:

http://goo.gl/1fLpGD


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