Juegos para la noche de Halloween

La noche de Halloween es una buena ocasión para leer libros, ver películas, escuchar música o, por que no, hacer juegos de miedo con los niños. Aunque existen muchas posibilidades, hay algunos sencillos y muy divertidos.

¿Quién es el fantasma?

  • Cuando hay varios niños que se conocen entre ellos, podemos dividirles en dos equipos y mientras uno de ellos sale de la sala, el otro elige al «fantasma».
  • Después, para que no se le vea nada, se le cubre con una sábana blanca y los otros pequeños se esconden.
  • El otro equipo entra y, sin pistas y sin hablar, debe adivinar la identidad del «fantasma».

Concurso de disfraces

Podemos organizar un concurso de disfraces de miedo en el que voten el disfraz más terrorífico de todos. El premio puede ser una bolsa de chuches (dentaduras, fantasmitas…), un libro o una película de dibujos de vampiros, brujas o monstruos.

Decora tu calabaza

No hay fiesta de Halloween que se precie sin calabaza. Lo ideal es comprar una grande y varias pequeñas y decorarlas con motivos de miedo.

  • Para evitar accidentes, lo mejor es que los niños vacíen la pulpa de las calabazas con una cuchara y después un adulto, con un cuchillo, haga los ojos, la nariz y la boca.
  • Si ponemos una vela dentro, tendremos unas lámparas geniales.
  • Otra opción es llenarlas con caramelos y gominolas y dejar que estos salgan por la boca.
  • Luego, podéis preparar una tarta con la pulpa que nos ha sobrado.

Cocina con los niños

Hacer galletas y bizcochitos de miedo con vuestros  hijos será una actividad muy divertida para todos.

 

Podemos hacer figuras de monstruos y fantasmas, postres con calabaza, aperitivos de miedo para la fiesta… Las posibilidades son muchas y lo que está asegurado es que pasaréis una divertida tarde en la cocina todos juntos.

Puedes utilizar unos moldes o cortapastas con figuras típicas de esta fiesta: brujas, calabazas, fantasmas… ¡Haréis unos dulces muy divertidos!

Y a los niños les encantará participar en la preparación de la cena de miedo para la noche de Halloween.

Manualidades de Halloween

Esta fiesta es una magnífica excusa para animar a los peques a que creen sus propios monstruos, cuanto más horrorosos, mejor.

 

De esta manera, el miedo se convierte en un juego más y la posibilidad de familiarizarse con las cosas de asustar les enseña a conjurar y dominar sus temores.

Nuestro papel en este divertimento es el de brindarles seguridad, así que queda terminantemente prohibido dar sustos de muerte o reírse de los niños temerosos.

En la galería de imágenes te damos algunas ideas para hacer manualidades de miedo para Halloween. Desde calabazas con cara de bruja hasta bolsas tenebrosas. ¡No te la pierdas!


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FIESTA DE HALLOWEEN

Queridas familias,

Este año como novedad, se va a celebrar en la Escuela Infantil SEK una gran fiesta de Halloween.  Habrá concurso de disfraces, una merienda riquísima, maquillaje terrorífico, taller de cocina, juegos con monitores especializados, cine con palomitas y muchas sorpresas más.

Cartel

(Pincha en la imagen para verla más grande)

¡Además, podréis invitar a vuestros primos o amigos para que pasen una tarde monstruosamente divertida con vosotros!


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Nuestros niños necesitan saber que sus emociones son buenas; aunque, en según qué momentos, a nosotros nos sea más o menos agradable oír su llanto, grito o carcajada. Necesitan sentir que tienen permiso para expresar lo que sienten, lo que se esconde en su ser.

Pero, ¿de quién necesitan recibir este permiso? Principalmente de sus padres. Para sentirse cómodos con sus emociones, es decir, con sus enfados, tristezas, alegrías, miedos… los niños necesitan sentirse arropados. Esto podemos conseguirlo a través de juegos, de mostrarles y hacerles partícipes de nuestros propios sentimientos y de acompañar con gestos, abrazos y buena comunicación los suyos.

Si un niño crece durante su infancia con el apoyo de sus padres para sentir, se convertirá en un adolescente que sabrá gestionar sus emociones, pues dispondrá de las herramientas para identificar y expresar lo que le pasa, crecer día tras día y favorecer su buena autoestima.

Compartir nuestras propias emociones

Es importante que los padres expresen sus emociones delante de los hijos. De este modo; si están enfadados, que no solo lo digan; sino que también lo demuestren con una actitud y gestos de enfado (evitando siempre culpabilizar o reñir al niño por su disgusto).

Por ejemplo, podemos decirle con un tono contundente “ahora estoy enfadado y no tengo ganas de jugar”. Esto no es lo mismo que decirle “estoy enfadado por tu culpa, o me has hecho enfadar, déjame”.

Si un padre se ha asustado porque ha visto a su hijo cerca de un peligro, es bueno que se lo explique y comparta con él su emoción: “Creía que ibas a cruzar la calle sin mirar y me he asustado”. También es importante que comparta y demuestre sus momentos de alegría y, que si está triste, no se esconda “para que no lo note el niño”. Es completamente normal que muestre su tristeza e incluso que se la explique brevemente “Cariño, estoy triste porque he perdido algo que quería mucho”.

De esta forma, los niños desde bien pequeños aprenden que es normal estar en algunos momentos tristes o enfadados y que, por supuesto, tienen permiso para sentir también esas mismas emociones. Así, además, le ofrecemos la oportunidad de aprender a poner nombre a los sentimientos e integrar que sentir es bueno, natural y sano.

Juegos concretos para las emociones

Hay juegos específicos que permiten expresar y canalizar determinadas emociones. Por ejemplo, en la época de los miedos a la oscuridad ayuda jugar con linternas en una habitación poco iluminada, o jugar a esconderse debajo de una sábana.

Jugar a imitar ser un animal agresivo que gruñe y persigue o jugar a guerras de almohadas, entre otros, ayuda a canalizar la agresividad o la rabia.

Dibujar o garabatear los colores del enfado, de las cosas que te hacen sentir mal, de los miedos que sientes y luego romper los dibujos o meterlos dentro de una caja, ayudan al niño a liberar las emociones que le suelen bloquear, a la vez que siente el permiso amoroso de sus padres para hablar de ello y hacerlo.

Nuestra actitud y reacción ante las emociones de los niños

Cuando un niño llora y su padre o madre le abraza mientras le da mensajes que apoyan su emoción, “cariño estoy contigo, ya veo te pasa algo, qué te ha pasado”, el niño siente que tiene permiso para sentir esa emoción sea cual sea: tristeza, miedo, susto, disgusto…

Así le demostramos que acogemos su emoción (más tarde podremos averiguar qué le hizo sentir de ese modo) De esta manera, con nuestra actitud de protección y amor, el niño aprende que puede sentir y expresar de forma natural lo que le pasa y que esto es positivo para él y para su comunicación con los padres.

En cambio; si cortamos su llanto diciéndole “no llores cariño, no pasa nada” o lo cortamos distrayendo su atención con otro cosa “Mira, ¿has visto que pasa ahí?”; el niño puede sentir que su emoción es nociva y que no es bien recibida por sus padres. Su sentimiento es contrariado, pues no recibe la acogida y la comprensión que esperaba del adulto. Así, la emoción es negada o reprimida.

 

Por: Cristina García. Pedagoga, terapeuta infantil, orientadora familiar y fundadora de Edúkame.

Os dejamos un test

 


  • 1 El pelo, siempre limpio.

    Para evitar infestaciones de piojos es fundamental tener el pelo limpio. Lavándolo dos o tres veces por semana es suficiente, resultando aconsejable la utilización de suavizante o acondicionador, ya que dificultan la fijación de estos insectos al cabello. Mucho cuidado con utilizar productos anti-piojos con demasiada frecuencia, ya que lejos de ser efectivos, pueden provocar que estas pequeñas criaturas se vuelvan resistentes a los mismos.

  • 2 Peinarse a diario, antes de salir de casa y de meterse en la cama.

    El peinado del cabello no sólo es efectivo para detectar piojos o liendres (los huevos que ponen estos insectos), sino también para eliminar estas larvas, ya que las púas del peine actúan despegándolas del pelo. Son especialmente efectivos, en este sentido, los peines de púa fina.

  • 3 Revisar el cabello periódicamente.

    Nada mejor para prevenir una plaga de piojos que detectarla con tiempo suficiente para atajarla e impedir que continúe su expansión. Para ello, lo mejor que se puede hacer es dedicar 10 minutos a revisar exhaustivamente el pelo, dos o tres veces por semana, en busca de estos insectos o de sus huevos. Hay que revisar toda la cabeza, prestando especial atención a la parte trasera de las orejas y a la zona de la nuca. Lo más normal es que los piojos aniden en el cuero cabelludo, pero también pueden hacerlo en la barba, las cejas o las pestañas. No dejes de revisar estas partes de la cara.

  • 4 Evitar el contagio por parte de otras personas.

    Las infestaciones de piojos se producen por contagio, pasando en muchas ocasiones de la cabeza de una persona a la de otra directamente. Por esta razón, una medida fundamental para prevenir una plaga de este tipo es limitar el contacto directo con individuos que puedan estar infectados evitando los abrazos, los juegos en el patio, etc.

  • 5 No compartir objetos de uso personal.

    Es fundamental no compartir objetos como peines, toallas o gorras. Los piojos pueden anidar en ellos y pasar al cabello del próximo que los utilice.

  • 6 Realizar una desinfección periódica de sábanas, ropa y peines.

    Otra medida preventiva para evitar la infestación por piojos es el lavado y desinfección de elementos de uso personal como lo son las sábanas, la ropa, los peines, los cepillos de pelo, los juguetes, etc. Deberá hacerse de forma periódica, aumentando la frecuencia durante los meses de otoño, que es cuando los piojos anidan con mayor fuerza. Para que la desinfección sea efectiva, el lavado deberá hacerse a temperaturas superiores a los 55º, la mínima para matar a estos pequeños insectos.

  • 7 El pelo, cuanto más corto, mejor.

    Una cabellera corta reduce las posibilidades de infestación por piojos y ayuda a detectarlos con mayor facilidad, por lo que resulta muy útil cortarse el pelo para prevenir estas anidaciones.

  • 8 Mantener una comunicación fluida con el colegio y los padres.

    Una medida indispensable de cara a la prevención de los piojos es estar en contacto con el colegio de los hijos y con la comunidad de padres del mismo. La escuela es uno de los focos principales de plagas de piojos, por lo que es muy útil poder saber quién está infestado, no sólo para darle el tratamiento que le corresponda, sino también para evitar que contagie al resto de niños y profesores.


¡Lo he hecho yo solito!

Son muchos los padres que piensan que anticipándose a las acciones de sus hijos y haciéndolas por ellos, les están ayudando a salvar las dificultades, sin comprobar la satisfacción que les produce a los niños valerse por sí mismos sin tener que depender de los adultos en aquello que pueden hacer ellos solitos

Inconscientemente -por las prisas o por un afán de protección- los padres cometen a menudo el error de privar a su hijo de la oportunidad de aprender, evitando, por ejemplo, que corte el filete, que se abroche el abrigo o se lave la cara él solo. Para que practique y adquiera estos comportamientos básicos, indispensables en la vida cotidiana, es beneficioso aprovechar el deseo espontáneo del pequeño, ayudándole si es necesario, pero dejándole continuar con la acción. Verás como cada vez lo hace mejor y pronto no requerirá tu ayuda. Al hacer las cosas solo adquiere una seguridad y confianza básica que se manifestará en una actitud confiada y alegre ante la vida.

 Insistir tanto en los hábitos de autonomía, no es para facilitar el trabajo de los padres o de los educadores, ser autónomo es ser uno mismo, diferenciado de los demás, con un conocimiento de nosotros mismos, de lo que deseamos y sentimos y este conocimiento nos da la capacidad de no depender de los demás para sentirnos bien, para aceptarnos y para tener la seguridad de que somos capaces de salir adelante en la vida.

¿Qué podéis hacer vosotros para conseguirlo?

En colaboración con la escuela infantil, desarrollar la autoestima en el niño a través de las siguientes recomendaciones:

– Fomenta en el niño una imagen positiva, para que se guste, se valore y se respete.

– Evita ponerle etiquetas. Si un niño oye innumerables veces lo que los demás piensan de él, acabará creyéndoselo y actuando como tal. (Eres un vago, un mentiroso…).

– Fomenta al máximo su autonomía para que se sepa desenvolver con soltura y siempre de acuerdo a su nivel madurativo. (Sin exigirle por encima de sus posibilidades, de lo contrario propiciaremos la frustración y el fracaso).

– Exígele cada día un poco más; una vez que tengan superada una habilidad, pasa a una de mayor dificultad, pero siendo este aumento casi imperceptible a nuestros ojos. El niño irá adquiriendo el éxito en su ejecución con gran satisfacción y alegría.

– Cuando tengan edad para ello, hazle partícipe de las decisiones familiares. Aprenderá a valorarnos y a respetarnos, como nosotros le valoramos y le respetamos. De este modo, además, adquirirá un puesto en la estructura familiar y sabrá que es un elemento importante dentro de ella.

– Debes cumplir los pactos que hagas con él. Aprenderá así a ser cumplidor y responsable de sus actos.

– Es importante darle pequeñas responsabilidades y cada vez que las realice, valórale y demuéstrale tu agradecimiento y amor.

– Debe aceptar los errores y las equivocaciones pues no sólo de ellos se aprende, sino que le servirá para asumir la tolerancia a la frustración y no considerar los errores como fracasos. No le culpes si las cosas le salen mal.

– Valora todos sus logros y deseos de crecer. No evites los conflictos, dales recursos para enfrentarse a ellos y saber resolverlos por sí mismos.


La aprobación de otros

Los niños siempre tienden a buscar la aprobación en el adulto más que en ellos mismos o confiar en la seguridad de sus conocimientos y logros; algo lógico a estas edades, pues están aprendiendo de los adultos. Sin embargo, más adelante, esto puede derivar en que muchos niños se comporten como los demás quieren que lo haga, buscando así ser querido y valorado. El deseo de aprobación de los demás, que es bueno en sí, en este caso, deja de ser beneficioso cuando se convierte en una necesidad, ya que supone una falta de confianza en sí mismo.

Asumiendo responsabilidades

Otro aspecto importante para incentivar la autonomía del niño, es saber delegar en él pequeñas responsabilidades según su edad. Evita sobreprotegerle y permítele asumir papeles y tareas domésticas dentro de la familia. Para que aprenda a ser más autónomo debéis facilitar que lo sea.

Si favorecemos la autonomía en los niños, tratando de no sobreprotegerles, iremos inculcando una buena imagen personal, con recursos para superar las dificultades que se le van presentando (siempre de acuerdo a su nivel madurativo), así podrán ir adquiriendo un pensamiento y una reflexión que les proporcionará ideas propias para, posteriormente, saber decidir y decir no ante situaciones que no desean, con seguridad y convicción ante los demás. Pero Esperanza advierte que “todo esto se construye en los primeros años de vida. Si se inculca cuando el niño tiene siete años, las bases de su personalidad ya se han cimentado y será imposible, o cuanto menos, muy difícil de lograrlo”.

Es indispensable también para su autonomía que aprenda a hacer sus propias cosas y adquiera comportamientos personales: asearse, vestirse, atarse los zapatos, comer, etc. Y aunque su lentitud nos desespere en algunos momentos, para aprender necesitará que le dejemos valerse por sí mismo. Alcanzar sus objetivos sin ayuda les incentiva para emprender nuevos retos, por lo que si no actúa suficientemente rápido no caigas en la tentación de hacerlo tú por él. Dale tiempo y ármate de paciencia. Despiértale 10 minutos antes para que se vista él solo o se prepare su desayuno. Aunque no hay edad determinada para que empiece a hacer sus propias cosas déjale intentar comer solo en cuanto pueda sostener los cubiertos. Vigílale, pero no te desesperes si la mitad del puré acaba en el babero.

¡Lo hago yo solo!

Pasado el primer año comprobarás que se despierta en tu hijo la voluntad de querer hacer las cosas solo, lo que le llevará a imitar el mundo de los adultos. Un impulso interior -innato según los expertos- que le motiva a ser independiente. Y para conseguirlo deberá repetir las acciones una y otra vez hasta que consiga que le salga bien, y si es posible sin ayuda de papá o mamá.

Durante esta fase de su desarrollo -que dura más o menos dos años- necesitaréis armaros de paciencia, pues más de una vez vuestros intereses van a chocar con los del niño: ellos querrán experimentar durante horas seguidas, algo imposible en una familia que precisa cumplir unos horarios. Pero a pesar de vuestros compromisos debéis darle, siempre que sea posible, la oportunidad de practicar. No hay mejor forma de aprender a dominar la cuchara que utilizándola.

Experimentar fomenta la iniciativa del niño y despierta su creatividad. Los niños a los que se les deja hacer muchas cosas por su cuenta desarrollan la capacidad de perseverancia y de paciencia mejor que aquellos a quienes se les da prácticamente todo hecho. La razón es fácil de entender: desde pequeños sabrán que si son persistentes pueden ser capaces de conseguir aquello que desean. Y al contrario, a muchos niños a quienes se les coarta la voluntad de hacer cosas se sienten frustrados y no adquieren tanta confianza en sus capacidades. Lo que realmente les estimula es la experiencia de haber conseguido algo por ellos mismos.

 

¿Cuándo sabrá hacerlo?

La edad cronológica no tiene por qué coincidir con la edad psicológica, por lo que cada niño, dependiendo de distintas circunstancias, hará las cosas a una edad u otra. Fíjate en lo que hace la generalidad de niños de su misma edad, no para hacer comparaciones negativas sino para tener una idea de lo que tu hijo ya es capaz de hacer.

2 años: Podrá ponerse él mismo los calcetines, camisetas y pantalones. Ya será capaz de recoger sus juguetes y clasificarlos en distintas cestas o cajones. Puede coger botes y comida de la parte inferior de la nevera o de armarios bajos.

3 años: Podrá verter agua en su tacita sin apenas derramarla (en el caso de que se salga también será capaz de limpiarlo con una bayeta). Logrará abrocharse botones grandes. En la mesa ya podrá pelar sus plátanos y untar mermelada en las tostadas.

4 años: Cuando se vista será capaz de abrocharse botones más pequeños, automáticos, y algunas cremalleras. Puede cortar frutas y verduras (siempre bajo supervisión), doblar servilletas y poner la mesa.

5 años: Las cremalleras ya no se le resistirán y aprenderá a atarse los cordones de los zapatos.

Fuentes: Esperanza Gómez-Olazábal
Redacción: Lola García-Amado


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